Querido Vidente

7 Enero 2010 por Sergio Correa Espinosa
por Daniel Mansuy Huerta
Master en Filosofía y Ciencia Política
http://cuadernosdelaquincena.blogspot.com
Publicada en El Mostrador
Jueves 7 de enero de 2010

Te escribo después de un largo silencio porque necesito, con cierta urgencia, tus valiosos consejos. Yo sé que te molestaste conmigo cuando publiqué un correo tuyo hace algunos meses, pero también sé que nuestra amistad está por sobre esas minucias. Por lo demás, no exageremos. Tuve la delicadeza de no publicar tu nombre y además todos creyeron —salvo uno que otro despistado— que se trataba de un invento mío: ¡no podía parar de reír!

Pero no nos alarguemos de más, y vamos a lo nuestro. Sabes bien que mi tiempo es escaso, cada día más escaso. Pues bien, todo indica que Sebastián ganará el 17 con una ventaja cómoda. Créeme que con Eduardo lo hemos intentado todo —todo—, pero ya terminé de convencerme que se trata de una tarea imposible. Eduardo es buena persona, pero como candidato no he visto nada peor. Tratamos que apareciera lo menos posible, pero nunca faltó el genio que lo mostró más de la cuenta. Así no se puede trabajar. Como si eso no bastara, la Concertación y sus alrededores se parecen cada día más a Bagdad. Ni hablar del comando, donde ya prefiero ni asomarme. Es cierto que la Carola tiene la mejor de las intenciones, pero ella misma es consciente que esta historia se acabó. La paradoja es que trajimos a las caras nuevas justo cuando ya no servían para nada, ya sabes, las ironías de la vida. A decir verdad, la candidatura de Eduardo nació muerta. Igual te confieso —no lo divulgues por favor— que, en un momento creí que era posible repuntar. Ahora sé que no era más que una ilusión. Ya abrí los ojos y, ¿sabes?, he sentido un gran alivio interior.

El cadáver de la Concertación es demasiado pesado y ni yo ni nadie está en condiciones de resucitarlo. Tendríamos que haber inventado una nueva Michelle, pero esta vez no resultó. En verdad, ni siquiera lo intentamos Para peor, como están las cosas, no habrá ni entierro digno ni honores ni nada: se acabó no más, como se acaba todo en la vida. No será la primera vez que nos toque, bien recuerdas. Me gusta mucho ganar, pero también hay que saber perder. Además, hay muchas formas de perder. Me cito a mí mismo, y digo entonces: a otra cosa mariposa. Sebastián triunfará, y sabes mejor que nadie que no es mi estilo privar a nadie de mi sabiduría cultivada a lo largo de tantos y trabajados años. Yo soy pluralista de verdad, digan lo que digan mis detractores.

Un poco por lo mismo, escribí una columna, que pienso publicar en la página 3. A mí me gusta mucho, pero necesito tu opinión: tú conoces mejor que yo algunas sensibilidades que no quisiera herir. Échale una mirada y dime qué te parece. Me permito pedirte este favor por una razón que debes intuir: ya no tengo derecho al error. Me he equivocado demasiadas veces en los últimos meses y, a veces, en las noches, me angustio un poco pensando en el futuro. Yo sé que son leseras, pero qué quieres que le haga, cada cual con sus fantasmas.

Decidí convertirme en el ideólogo y en el apólogo del piñerismo: ¿qué tal? Hasta ahora, muy poca gente ha escrito en serio sobre la cuestión, y es una oportunidad que no puedo desaprovechar. Bien sabes que quien define los conceptos tiene ganada buena parte de la batalla. Y como la derecha mantiene esa curiosa incapacidad de pensarse a sí misma, haré el trabajo por ellos. No te asustes, no será como las prédicas dominicales de Carlos: no es lo mío. Diré varias cosas en direcciones distintas y daré un par de pistas falsas para confundir: ¡te apuesto un helicóptero que con sólo mencionar a la UDI lloverán las cartas al director! Y de paso, obvio, infiltraré una que otra idea, enviaré uno que otro mensaje que me interesa hacer llegar a los que importan, a los de siempre. Al fin y al cabo, no nos saquemos la suerte entre gitanos: Pareto (el sociólogo, no el alcalde) no estaba tan equivocado, y gane quien gane el 17 la idea es que las cosas no se muevan demasiado. Ya hay demasiado trabajo hecho, y sería una lástima desperdiciarlo así como así. Yo estoy dispuesto a poner mis fichas y apostar en esa dirección: de eso se trata todo esto y estoy seguro que, a pesar de nuestras legítimas diferencias, seguimos de acuerdo en lo central.

Por cierto, la columna que te adjunto tiene riesgos. Temo parecerme, aún cuando sea de lejos, al doctor Mandelbrod, ese personaje de Las Benévolas, ¿lo recuerdas? A mi favor juega el hecho de que en Chile nadie lee, y menos un libro de mil páginas como el de Littell —quiero creer que tú, querido Vidente, sí lo leíste-. Por otro lado, publicarla en la A3 puede ser un arma de doble filo: ¿no habrá quienes pensarán que es demasiada la osadía?, ¿que he ido demasiado lejos? No obstante, a veces también pienso que por algo Maquiavelo decía que en la guerra hay que hacer precisamente aquello que el enemigo no te cree capaz de hacer. Y no tengo para qué explicarte a ti, Vidente, que la política se parece demasiado a la guerra. Yo creo que una cosa así, en la página 3, sorprende de tal modo que pocos serán capaces de medir la audacia del gesto. Recuerda además que en Chile no sólo la gente no lee, sino que no entiende lo poco que lee.

Tampoco creo que sea un problema la mezcla de roles. Aunque te concedo que la confusión en la que he caído puede parecer un poco impúdica, estoy lejos, muy lejos, de ser el único caso. Ya es casi una moda, qué diablos.

De cualquier modo, si acaso se levantara mucha polvareda, siempre podré retractarme, salir jugando, dar explicaciones, decir que me malinterpretaron y ese tipo de cosas que conoces de sobra. Pero lo que me importa ahora son tus consejos y tu clarividencia. Ojalá puedas contestarme rápido, los plazos se acortan y a veces siento que ya es muy tarde. Muchos saludos a tu señora y a los niños, espero verlos pronto. Y, desde luego, confírmame si estás libre para almorzar el 18: hay muchas cosas que empezar a ver.

Recibe un fuerte abrazo.

 

http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/01/07/querido-vidente/

Chile No Es Progre

30 Diciembre 2009 por Sergio Correa Espinosa
Columna publicada en Diario La Prensa de Curicó
Miercoles 30 de enero de 2009
http://www.diariolaprensa.cl/papeldigital/diciembre_30_2009/14.html

El 2009 pasará a la historia como el año en que todos fueron progresistas, un concepto que en política existe desde el siglo XIX, se instaló en las campañas de nuestro país casi como si fuera la receta mágica que conduce al éxito. Lo curioso de esto, es que nadie se ha detenido ni un minuto a definir que diablos significa ser progresista.

Si investigamos un poco los fundamentos básicos de éste concepto, los podemos encontrar en las libertades individuales y las igualdades sociales, principios históricamente ligados a sectores de izquierda. Pero, ¿qué pasó el 2009 en Chile que ahora todos son progresistas?, ¿cambiamos en algo o sólo alguien descubrió que podía ser rentable ser “progre”?

ME-O fue el primero en autoproclamarse como el heredero del “progresismo de Bachelet”, lo siguió Frei ungiéndose como el verdadero representante del progresismo y Piñera para no quedarse atrás, enarbola causas que para él son el “verdadero progresismo”. No deja de ser extraño que el candidato situado más a la izquierda como Jorge Arrate, fuera quien menos intentó adueñarse del concepto, puede ser porque se entendía que él ya era un progresista por defecto o simplemente porque no le interesaba.

Las banderas de lucha han sido mas bien valóricas, tales como despenalizar el aborto, la píldora del día después y los derechos de los homosexuales, intentando sacar al pizarrón al sector más conservador de Chile, ligado a la derecha y a la candidatura de Sebastián Piñera. Pero poco se sabe que piensan en materia económica, recursos energéticos o conservación del medio ambiente.

Por lo demás, ¿No debiéramos, si realmente somos tan pero tan “progre”, tener al menos una agrupación acuñando el concepto en su titulo? La mejor prueba de que esta moda apareció en Chile recién el último año, es que de 15 partidos políticos legalmente constituidos, ninguno tiene la palabra “progresista” en su nombre.

Aunque muchos intenten hacer ver lo opuesto, Chile es un país mayoritariamente conservador, de lo contrario no se explica que la UDI haya conseguido elegir 40 diputados. El partido que mas se opuso a la píldora del día después, a la ley de unión civil entre parejas de un mismo sexo o a la posibilidad de legislar en favor del aborto, consiguió apoderarse de 1/3 de la cámara baja sin jamás usar como argumento el “ser progresista”. En pocas palabras, la tan manoseada señora Juanita (en el buen sentido de la palabra), no votó por candidatos “progre”, lo hizo por candidatos “conservadores”.

Entonces, ¿vale la pena gastar tantas energías por apropiarse del progresismo?, se entiende si lo único que se busca son los votos huérfanos de ME-O, pero ni Piñera ni Frei son progresistas, aunque este último se asocie con partidos de izquierda,  aunque en cada discurso les haga guiños, proviene de un partido con raíces en la iglesia católica, cuyos valores están bastante distantes de los que les conocemos al progresismo.

El tiempo dirá si esto fue solamente una pose o una moda, mientras tanto tendremos que resignarnos a escuchar como siguen disputándose ese nicho tan apetecido pero que pocos saben qué es o qué significa, y no entendiendo que en el fondo, CHILE NO ES PROGRESISTA.

Marco Por Ti

16 Diciembre 2009 por Sergio Correa Espinosa
Columna publicada en Diario La Prensa de Curicó
Miercoles 16 de enero de 2009
http://www.diariolaprensa.cl/papeldigital/diciembre_16_2009/14.html

La primera vuelta ya es historia, quedó atrás la papeleta con cuatro candidatos para dar paso a un nuevo mes de campaña presidencial. Dos de ellos quedaron en el camino dejando “huérfanos” a  más de 1,8 millones de votantes, la pregunta que queda es como se repartirá ese preciado botín.

La historia de los balotajes anteriores, dan por descontado que la totalidad de los votantes de Arrate serán endosados a Frei, aunque el candidato del Juntos Podemos intente hacer ver lo contrario, aquí no hay nada que negociar, esa deuda ya está pagada por anticipado con la elección de tres Diputados comunistas, rompiendo la “exclusión” imperante desde 1973.

La vedette es sin duda Marco Enriquez-Ominami, si bien no pasó a 2ª vuelta, el 20% obtenido lo hacen objeto de deseo de los postulantes en carrera. Los guiños ya comenzaron y sin ningún disimulo. Con lo que no contaban, es que el “díscolo” les cerraría la puerta en la cara al ponerlos a ambos en el mismo saco. Pero cuánto durará esto, cuanto tiempo tendrá que pasar antes de que ME-O incline su balanza.

El ha sido muy claro en que no es el dueño de esos votos, pero también ha manifestado que su domicilio político está en la izquierda progresista, bastante lejos de la candidatura de Piñera y muy cerca de donde se sitúa la de Eduardo Frei.

Por eso suponer que manifestará algún tipo de apoyo al candidato de derecha, es no saber nada de los códigos en los que se mueve la política. Marco tarde o temprano realizará algún gesto que lo acerque nuevamente a la Concertación, el es de izquierda y morirá de izquierda.

Los riesgos que corre son muy altos, podría pasar a la historia como quien permitió que ganara la derecha, lo paradójico de esto es que gracias a él, Piñera no ganó en primera vuelta. Le quitó en parte el discurso del cambio y amplió el público objetivo de la Concertación, logrando que entre los tres candidatos provenientes del oficialismo sumaran el 55% de los votos.

Marco tiene muchos sueños y un 20% de votantes que no le sirven de nada si no es capaz de encausarlos bajo un proyecto, pero ahora no tiene cargo, no tiene partido, no pertenece a ninguna coalición y no cuenta con el apoyo de ningún parlamentario electo, si a esto le sumamos que él solamente es el síntoma de una enfermedad y no su causa, el largo plazo pareciera no existir en su proyecto.

Por todo esto es que no tiene mucho margen de movimiento, podrá hacer algunas exigencias, podrá mostrarle los dientes a algún presidente de partido pero al final, aunque sea después del 17 de enero, tendrá que tender los puentes que lo vuelvan a vincular con su origen concertacionista.

Marco solo tuvo el mérito de aparecer en el momento justo para hacer carne las deficiencias de nuestra clase política, ese rechazo por todo aquello que huela a colusión, a binominal y a voto obligatorio, a viejos estandartes pegados en el pasado sin estar dispuestos a entregar el poder y permitir que las nuevas generaciones forjemos nuestro propio futuro.